jueves, marzo 30, 2006

No tengo alma de mártir

En esta ocasión entrego un trabajo que refleja, de alguna forma, ciertos estados de ánimo (en algunos momentos de la realidad y la vida misma)

no tengo alma de mártir
no pienso morir en la hoguera,
no tengo la bendita supuesta
capacidad
de algunas sectas
en lo que se refiere al celibato;
pienso que la fidelidad y la cobardía,
los suspiros y las rabietas,
los celos y el desamor,
sí que son cuestiones que incumben
a los amantes
más que al resto de los mortales

no tengo alma de mártir,
ni aunque me pagaran me habría enfrentado a balazos
(solo)
contra tanques y aviones,
sí tengo claro lo que habría hecho
y eso lo saben mis más cercanos
(disculpen, pero para el resto pasó la vieja),
pero eso es harina de otro costal,
así es que no esperen
declaraciones político sociales
en lo que resta de estas líneas

no tengo alma de mártir,
pero cada noche me descuelgo
por el balcón de los sueños
y juego con el fuego
que me nace desde la profundidad
de mis entrañas,
hago barcos de papel
y me lanzo al abordaje
sin saber siquiera
si hay tierra o piso firme
al otro lado de la sinrazón
de la emocionalidad

no tengo alma de mártir
y soy el pirómano
que en los atardeceres rojos,
en el recodo del camino,
prendo fuego a las cartas de amor
que aún no son escritas
y juego a bailar
el auténtico vals de las noches estrelladas
y la luna en cuarto creciente,
lo juego a bailar con el atisbo de esquizofrenia
que me espera cada amanecer
a la vuelta de las esquinas

no podría tener alma de mártir
si a cada quinientos pasos
me desperdigo en mil pedazos
y me recojo lleno de sudores y temblores,
como si esto fuera poco
lloro con cada encuentro
y cada despedida,
sudo con el calor que en las mañanas
golpea mi ventana
a mediados de este invierno
que es tan frío
como los cuarenta que ya he visto pasar

imposible tener alma de mártir
cuando sientes que el partido de la vida
a veces se complica
y todos los refuerzos están agotados
y al minuto noventa no habrá alargue
y las cuentas de las Cías de consumo
te ahorcan con ambas manos
(y entonces aparecen los valores
inculcados por tus progenitores,
o sus sustitutos,
aparecen mezclados inconscientemente
con virtudes también ancestrales)

quién va a tener alma de mártir
en medio de esta selva enmarañada
en la que te despiertas
a diario,
pero por suerte quedan
las esperanzas
y alguna que otra humanidad
leal,
así las cosas
en una de esas
alguien levanta la mano
(en algunos casos la esperanza es infinita)

pero yo ¿alma de mártir?
ni a palos,
ya quemé casi todas la naves
y en el puerto sólo quedan
restos de mis naufragios
y payasos en marcha fúnebre
arrastrando cadenas
como quien arrastra la bolsa del pan
(como cuando se arrastraba
la bolsa del pan
¿te acuerdas de eso
y los chistes que hacíamos al respecto?)

mas, pese a todo, nunca verán
en los avisos clasificados, ofertándose al mejor postor,
las almas de mártir
que aún vagan por el universo
esperando aunar fuerzas
y una mañana cualquiera,
como un nuevo fantasma,
empezar a alimentar el tren
de la verdad,
no las verán tampoco
vagando en las cunetas
del largo camino por seguir

pero, para finalizar, que quede claro,
no tendré alma de mártir
pero tampoco es cosa de quedarse
sentado
mirando como las viejas tejen
tomando el sol
o como los maestros construyen
un futuro que nos es ajeno,
no tendré alma de mártir
pero siempre, siempre,
es tiempo de poder decir algo
y volver a empezar

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