lunes, julio 09, 2007

¿ESTALLIDO SOCIAL O QUÉ?

No sólo de poesía vive el hombre, porque aunque demos rienda suelta a los tropos y/o metáforas, siempre debemos recordar que pisamos el mismo suelo que el resto de los mortales y que nuestros restos correrán la misma suerte que el que está más arriba o abajo del gallinero en que nos tocó vivir…

La fotografía corresponde a una pared de la gran Avenida, en San Miguel y el tema para esta entrega es de Mauricio Redolés (“El Mejicano”)



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He hablado y preguntado del tema con diversas personas, también de diversos niveles culturales, porque la cosa es clara: hoy hay una dicotomía antagónica en cuanto a conceptos, ya que mientras que por un lado están quienes se esmeran en asegurar que lo que viene, como muestra del descontento de un sector de la población, es un “estallido social”, en la vereda opuesta estamos quienes creemos que en realidad lo que se viene es una “revolución flaite” (aunque algunos quieran cometer, con quienes sostenemos este planteamiento, más de un homicidio), pero como ya escribí en algún trabajo por ahí (ver entrega con el título “Calendario III”) la realidad es triste… y es más triste aún cuando hay quienes pretenden empoderarse de algo en lo que ni siquiera han colaborado y, que más encima, no es motivo de ningún orgullo.

Este repensar de ideas que tengo frente al tema no está vinculado ni al rayado callejero que encontré en una calle y que decía “lumpen a la kalle” (sic) ni con los reportajes relacionados con el avance de la delincuencia, que tan bien han promocionado los diferentes departamentos de prensa de los respectivos canales de televisión. No es cuestión de querer tapar el sol con un dedo, porque más de alguien puede resultar dañado; tampoco es cosa de no querer reconocer la realidad; este ejercicio del pensar es todo lo contrario, tampoco es un llamado a aplicar la represión ni el cautiverio, que de eso ya tuvimos bastante. Pero el tema es para meditarlo, sobre todo cuando se puede observar que tras las rejas no están aquellos que tienen que estarlo (incluidos los fugados que dirigen mensajes desde una supuesta clandestinidad, alegando que ellos nunca pusieron la corriente en la parrilla, y los que abusaron de niños y niñas y que escaparon de donde nunca debieron estar), tras ellas ya sabemos quienes son los que están.

Quizá el concepto de revolución implica cuestiones que nada tienen que ver con esta especie de rebelión, pero es cosa de mirar más allá de las pelusas que se puedan formar en nuestro ombligo, porque acá podemos llamarlos “flaites” y más lejos pueden ser los “maras” o “cholos” o los chicos de las favelas que avanzan como marabuntas, arrasando con todo lo que pillan a su paso por las playas de Copacabana; pero en el fondo sólo son los resentidos de una economía de mercado que los posterga y a los cuales las políticas gubernamentales no llegan en su chorreo de beneficios y como este tema, el del chorreo, no es nuevo, tenemos que hay generaciones que ya han hecho de la marginalidad su estilo de vida, pero de una marginalidad que nada tiene que ver con los conceptos de esta que algunos pudimos adquirir en el caminar de la vida, cuando el leiv motiv o motivo conductor era el ser border line o, como lo definió alguien, caminar siempre por la cuneta. Quedará claro entonces el porqué de la aplicación del concepto revolución y su universalidad.

Tampoco hay que dejar fuera de las responsabilidades a aquellos que de una u otra forma alegan que su labor está dirigida hacia los postergados y lucran en las elecciones, ya sea desde el interior de los sistemas o desde fuera de ellos (alegando que se les margina). Entonces las cosas por su nombre: es responsabilidad de la política, en especial de la de izquierda y de quienes nos hemos sentido representados por esas ideas, el no haber sido capaces de construir un sistema en el que la igualdad y la equidad sean el motor de un sistema mucho más humano y más justo, punto aparte están los que no supieron mantener esos sistemas cuando se lograron (ya sea por medios armados o democráticos).

Con estas líneas, aunque suene presuntuoso, quiero dejar en claro que hoy tampoco comulgamos con ruedas de carreta, ni nos creemos el cuento que nos quieren vender; no es que crea que siempre tenemos la razón, pero no debemos estar tan equivocados. No importa si alguien disiente, pero lo importante (por mientras) es lanzar el tema al aire para ver si alguien propone y al que le quepa el sombrero que se lo ponga…

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Cuando era niño pensaba y actuaba como niño.

Ahora que los años se me han juntado, veo a los que me contaban cuentos para que siguiera pensando como niño...

Ahora que mi mirada ya no siempre es de niño,trato de ser solo mas fraterno.

PERRY

11:09 a.m.  

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