jueves, diciembre 20, 2007

LA MATANZA DE 1907, VISTA 100 AÑOS DESPUÉS…

Imposible dejar pasar esta fecha, cuando desde el centro de la pampa vuelven a marchar los obreros del salitre, los que no han dejado de marchar en la memoria colectiva…





100 años desde la matanza de Iquique y las voces no dejan de escucharse correr por las calles y pulperías de la ciudad…


100 años y el paso del tiempo nos demuestra que, en este caso, la memoria no es frágil… En esta oportunidad quiero ocupar un par de vídeos que se encuentran en YouTube y pertenecen a
NACHINO y VIEJOODIOSO



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Señoras y Señores
venimos a contar
aquello que la historia
no quiere recordar.

Pasó en el Norte Grande,
fue Iquique la ciudad.
Mil novecientos siete
marcó fatalidad.

Allí al pampino pobre
mataron por matar.



A un siglo de este hecho, ocurrido en Chile en el año1907, durante la presidencia de Pedro Montt, las voces de los trabajadores no dejan de alzarse sobre el silencio que se pretendió imponer para con las víctimas y testigos de esta matanza realizada en la ciudad de Iquique.

Fue en diciembre del año mencionado cuando las faenas de los trabajadores de las salitreras se paralizaron. El fondo de la manifestación popular era el conseguir mejorar sus condiciones, de vida y laborales, para ellos y sus familias. Sus solicitudes contaban entre otras la eliminación del pago con fichas, jornales a tipo de cambio fijo, balanzas para los pesos y medidas para las pulperías, escuelas para los obreros, indemnización y desayuno. También se hace mención al suprimir los castigos de tipo corporal que sufrían los obreros.

Una de las primeras movilizaciones de los obreros fue paralizar las faenas de la salitrera "San Lorenzo", además la huelga se ampliaba a otras de "Alto San Antonio", dando inicio a la llamada "Huelga de los 18 peniques". El nombre obedecía a que los jornaleros pedían el pago de salarios a este tipo de cambio. Una gran columna de huelguistas de Alto San Antonio llegó a la ciudad de Iquique llevando banderas de Chile, Perú, Argentina y Bolivia, los marchantes terminaron alojándose en el hipódromo de este puerto. A este movimiento se también se sumaron otras oficinas salitreras, entrando en huelga también casi todo el comercio e industria del norte del país.

El día 16 de diciembre llegaron a Iquique otros trabajadores en paro viajaron a la ciudad de Iquique, seis mil de ellos acamparon en la escuela Santa María. A medida que avanzaba el movimiento fueron muchos más los pampinos que se unían a ella. Se estima que para el día 21 de diciembre ya eran cerca de 10.000, aunque ciertas versiones hablan de 14.000 personas.

A los pocos días de haber llegado, este inmenso grupo de trabajadores, movilizados por sus demandas, estaba reunido en la plaza Manuel Montt y en el establecimiento de la Escuela Santa María, solicitando al gobierno que actuara de mediador con los patrones de las firmas salitreras extranjeras (la mayoría de ellos ingleses) para encontrar solucionar sus demandas. Los patrones se negaban a negociar debido a que los obreros aún no reanudaban sus actividades.

Las órdenes llegadas desde la capital de Chile fueron tajantes: que los manifestantes abandonaran la ciudad y regresaran a las salitreras, a lo que los manifestantes se negaron, pues sabían que si regresaban a sus trabajos, sus peticiones serían ignoradas. Para controlar la situación el gobierno designó al general Roberto Silva Renard, quien era la máxima autoridad militar de Tarapacá, y que fuel el que terminó comandando la acción sobre la Escuela Santa María, con soldados del regimiento O’Higgins y el apoyo de las ametralladoras del crucero Esmeralda.

Debido a la gran tensión que ya había entre los grupos, el 20 de diciembre de 1907 los dirigentes efectuaron una reunión con el intendente Carlos Eastman Quiroga. Cuando se efectuaba la reunión en la oficina salitrera Buenaventura, un grupo de obreros con sus familias trataron de abandonar el lugar y fueron acribillados en la línea férrea. Como resultado de esta acción 6 obreros murieron y los demás terminaron heridos.

El 21 de diciembre, luego de efectuados los funerales de los obreros, se les ordenó a todos los trabajadores que abandonaran las dependencias de la escuela y sus alrededores y se trasladaran a las casuchas del Club Hípico de la ciudad, a lo que los obreros se negaron, ya que temían cañoneados por los barcos que apuntaban el camino que deberían recorrer hacia el hipódromo mencionado.

Ya habían pasado varios días de negociaciones sin ningún resultado. Los dueños de las salitreras decían que solo negociarían cuando los trabajadores regresaran a sus labores. Por otro lado, éstos decían que si aceptaban el trato, sus peticiones serian ignoradas y sus condiciones de vida serian las mismas. Tras la negativa, las autoridades declararon el Estado de Sitio. Las libertades constitucionales fueron suspendidas gracias a un decreto del intendente que se hizo publicar en la prensa escrita.

Desde la escuela, «El Rucio»,
obrero ardiente,
responde sin vacilar
con voz valiente,
«Usted, señor General
no nos entiende.

Vamos a dar nuevas fuerzas
con nuestro ejemplo
Y el futuro lo sabrá,
se lo prometo.

Y si quiere amenazar
aquí estoy yo.

Dispárele a este obrero
al corazón».

Los militares, comandados por el General Roberto Silva Renard junto al Coronel Ledesma tenían la misión de desalojar a los trabajadores en huelga. Se notificó a los dirigentes del comité de trabajadores que si no salían del edificio abrirían fuego contra ellos. Ante la negativa de éstos, el jefe militar ordenó a los soldados disparar. Se dice que el general Silva Renard sólo ejecutó la orden de desalojo, pero quien dio la orden de disparar fue el Ministro del Interior de la época, Rafael Segundo Sotomayor Gaete. De las víctimas fatales, cerca del 60% eran peruanos y bolivianos.

La multitud, desesperada y buscando escapar, se arrojó sobre la tropa y ésta repitió el fuego al que se le añadió el de las ametralladoras. Producto de esta acción murieron 195 personas y quedaron 390 heridos, según datos de Nicolás Palacios, testigo de la matanza. Otras fuentes contabilizan 3.600 muertes.

Los sobrevivientes de la matanza con posterioridad fueron llevados literalmente a sablazos hasta el local del Club Hípico, y desde allí a la pampa, donde recibieron un trato deplorable.

Esta huelga, que derivó en la posterior matanza, marca el fin de la inmadurez política de los trabajadores chilenos. Además a dado origen a diferentes obras artísticas, de las que destacan, en el plano literario, “Santa María de las Flores Negras” de Hernán Rivera Letelier, y el en el plano musical, la famosa “Cantata Popular Santa María de Iquique” compuesta por Luís Advis (1935 - 2004) en el año 1969 e interpretada por Héctor Duvauchelle y el conjunto Quilapayun, de cuya grabación, realizada el año 1970, aún se encuentran algunos discos que resistieron de variadas formas los años de la dictadura y su persecución, tanto política como cultural.

Ustedes que ya escucharon
la historia que se contó
no sigan allí sentados
pensando que ya pasó.

No basta sólo el recuerdo,
el canto no bastará.
No basta sólo el lamento,
miremos la realidad.
<

1 Comentarios:

Blogger squizofrenico dijo...

Esta entrada está muy buena.
Gracias por informarme sobre una de las tantas matanzas y crueldades que desde los estados de realizó para con los obreros, campesinos y sectores sumidos en la miseria en toda la América Latina. Es importante que conocezcamos la historia, para darnos cuenta de que se repite; debemos tenerla presente.Los mismos dominaban el pasado, los mismos dominan el presente y pretenden dominar el futuro.Lo Hacian de una forma, lo hacen de la misma y lo harán de la misma o quizás con cinismo aumentado. Entonces conociendo el pasado podemos imaginar con certeza el futuro que nos espera.
Nos toca HACER ALGO PARA CAMBIAR LA REALIDAD, EL PRESENTE Y EL FUTURO.

10:15 a.m.  

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