viernes, diciembre 15, 2006

El día que murió el tirano (y los que siguieron después)

Hay momentos de la vida en que se mezclan las emociones, este escrito tiene que ver con eso.

Para esta ocasión el tema elegido es "Yo Pisaré las calles nuevamente" de Pablo Milanes.




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En algún momento (hace un tiempo atrás), pensé qué sería lo que escribiría el día en que muriera el dictador y ese día llegó y nada de lo que había pensado afloró. Sólo tengo claro que ni su foto ni su nombre estarán alguna vez en este blog. Son demasiados los sueños como para enturbiarlos con ese nombre y esa imagen…

Sí creo que puedo referirme a lo que sucedió en concreto ese día. Nos encontrábamos con mi mujer y los hijos en la localidad del El Manzano (sector del Lago Rapel), en la casa de unos familiares, cuando recibimos la llamada; prestos a almorzar habíamos descorchado una botella de un tinto de la zona de Talca, entonces nos preguntaron si ya sabíamos lo sucedido, la sorpresa fue grande pero nos invadió una suerte de felicidad y emoción y brindamos por aquello que veíamos tan lejano, lamentado que la muerte le haya ganado a la justicia, sintiendo que brindábamos sin ningún sentimiento de culpa por la muerte de alguien que en su momento provocó que un sector de este país brindara por la muerte y la desaparición de una cantidad de gente más importante que UNO solo. Entre a quienes recordamos estuvo Manuel Escobar (conocido como Tilusa, el payaso triste) y su muñeca Alejandrina; él era hermano del dueño de casa y a Manuel lo conocí en ese espacio de libertad llamado Casa Kamarundi, donde nos recibió (a mi con mis escritos, y amis compañeros cuando sacamos algunas ediciones de El Rebelde a los quioscos)…

Al brindis y la emoción inicial continuaron las rememoranzas del período que se supone termina con la muerte del principal responsable de tanta muerte (o al menos del más ávido de poder, el que dio la cara usando los anteojos negros con que el mundo lo reconocería a partir de ese momento). Entonces cada uno de nosotros habló y recordó qué hacía al momento del golpe de Estado, dónde nos encontró ese 11 de septiembre, lo que vino luego y el cómo crecimos con el toque de queda y el ir viendo como amigos y compañeros fueron quedando en el camino (algunos destrozados y otros muertos a balazos); así fuimos conversando y repasando nuestras vidas (tanto individuales como colectivas)…

EL DÍA DESPUÉS DE LA MUERTE DEL TIRANO

Regresamos a Santiago, pasando por Melipilla, donde compramos ejemplares de todos los diarios que encontramos, porque en el futuro esos serían otros testimonios de los hitos importantes por los que hemos pasado los de nuestra generación…

Veníamos preocupados por las noticias recibidas por teléfono la noche anterior, preocupados por algunos amigos que andarían en las andanzas típicas de quienes nos expresábamos contra el dictador. También teníamos el sinsabor de no haber estado presente en las celebraciones correspondientes a la ocasión.

Cuando llegamos Santiago estaba tranquilo, mucho más tranquilo de lo que imaginábamos, por lo menos más calmado de lo que habíamos sabido del día anterior. Durante la tarde siguieron las celebraciones y nosotros cumpliendo con nuestras labores de padres, planificando la posible asistencia para el día siguiente a la Plaza de la Constitución.

EL DÍA DEL ENTIERRO DEL TIRANO

Mi mujer debió cumplir con sus cuestiones laborales, yo debí concurrir al control médico (llevo casi cinco meses con licencia laboral), pero una vez desocupado me dirigí al lugar de la convocatoria y me encuentro con mi amigo Pablo. Luego del correspondiente abrazo comenzamos a conversar del tema y las implicancias futuras en cuanto al desarrollo de los juicios y todas esas cosas pendientes que quedaron (me recordé de aquel rayado callejero que decía “malditos seamos los chilenos si el dictador se muere de viejo”, eran pleno tiempo de dictadura).

No había mucha gente en el lugar y la mezcla era extraña, como todas las cosas que tiene que ver con la izquierda, se encuentran las diferentes voces y tendencias en espacios muy disímiles, pero en el aire continuaba esa sensación que rodeaba al día (esa mezcla contradictoria de alegría y de no saber cómo asumiría la sociedad chilena esta partida en que la muerte le ganó a la justicia, como dijo el poeta uruguayo Mario Benedetti)….

Para mientras discurre el tiempo sólo quedan las esperanzas de que alguna vez se logre dilucidar toda la telaraña en que se esconden las verdades de la historia; quizá ahora sea más fácil, porque todos aquellos que quieran ocultar la verdad y su responsabilidad ya tienen a quien responsabilizar (paradojas de la vida, porque este era también el responsable último en la cadena de la verticalidad del mando)…

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